7 de junio de 2018

Un milagro para el Rey

Foto: Twitter @CavsJoeG
Rompe récords cada partido, muestra sus habilidades juego tras juego, se echa su equipo al hombro en todas las series; y aun así, LeBron James no logra hacer entender al resto de los Cleveland Cavaliers que de verdad hay que hacer lo que sea para ganar.

Anoche, en The Q, Kevin Durant fue la estrella del juego con 43 puntos, anotando triples que adormecieron a los locales. En un despliegue increíble de su talento, KD demostró por qué merece ser campeón de la NBA.

LeBron James hace lo propio en el equipo contendiente, Solo: auto asistiéndose, con un ojo que aún no termina de sanar y buscando la forma de ser 5 jugadores en 1; batiendo marcas en cada cuarto y exigiéndose de tal forma que parece quebrar sus propios límites físicos –y humanos- para hacerse con el campeonato.

Luego de arrastrar 7 exigentes juegos contra Boston en las finales de conferencia (que, dicho sea de paso, de haber tenido a Kyrie Irving y a Gordon Hayward hubiesen ganado), The King llegó a las finales con más ganas que energía para conquistar el anillo, y cada juego se nota más que está cansado, aunque eso no implica que se rendirá.

Ante los Warriors, equipo que lleva 4 años seguidos enfrentando en estas instancias, LeBron tiene claro que el margen de error en cada juego es poco, que se necesitan muchos puntos y un juego defensivo que evite que los buenos tiradores logren acercarse a zona de anotación.

Eso sin contar con que Steph Curry y Andre Iguodala han podido descansar en esta postemporada, mientras que LeBron estuvo a punto de romper récord por jugar más minutos consecutivos fuera de temporada regular.

Así la situación, podríamos pensar que, tras 4 años, algo debieron haber aprendido los de Tyronn Lue sobre cómo hacerle frente a los Golden State, pero no, luego de desarmar el equipo en la mitad de la temporada y de haber dejado ir a Kyrie Irving antes de comenzarla, queda claro que LeBron está prácticamente solo.

En el tercer juego, en casa, los Cleveland Cavaliers no mostraron solidez defensiva o cohesión como equipo. Kevin Love parece ser el único que intenta mantenerse a la par con LBJ y los rookies, desde el banco, hacen más que los experimentados. JR Smith, en la última jugada del segundo juego, mostró su poca capacidad para tomar decisiones y para jugar para el equipo.

Sin importar cuántos récords rompa en cada partido, cuánto se esfuerce por ser cada vez más legendario, LeBron se encuentra con la difícil situación de tener un equipo que parece no poder entender – o al menos materializar- su idea de juego. (¡Cómo te extraño, Uncle Drew!)

¿Qué más puede hacer el llamado Rey del básquetbol? Ha demostrado sus habilidades, su liderazgo, su resiliencia y exigencia consigo mismo y con su equipo, pero nada parece ser suficiente.

En cuanto acabe esta temporada será agente libre y, a menos que lo dejen rearmar el equipo a su antojo, es casi seguro que se irá una vez más de casa buscando la grandeza que le corresponde.

A un juego de quedar barridos, los de Cleveland abren una vez más las puertas del Quicken Loans Arena con la meta fija en ganar para llevar la serie a Oakland. Puedo jurar que desde el jueves LeBron estará concentrado solo en eso: ganar, ganar, ganar; mientras que el resto del equipo espera poder hacer un milagro para el rey, aunque sea para despedirlo de la manera correcta.

Por: Valentina Hoyos @dramantina

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